El mundo visto desde hace ochentas años

‘Gracias a la prensa oímos la voz de nuestro tiempo y

asistimos a los afanes y esperanzas de nuestros conciudadanos’.

Santiago Ramón y Cajal, ‘El mundo visto a los ochenta años’, 1934.

Cumplir años es una meta cada vez más difícil de alcanzar. El maratón de la vida corre por los vericuetos del tráfico y sus sustos accidentales, del colesterol y sus puñaladas coronarias, de la hipertensión y sus desmanes cerebrales. Tres ilustres representantes del comité encargado de que se dejen de cumplir años de vida para sumar aniversarios de muerte. Cumplir años es una lotería. Lo dicho para una existencia particular sirve también para la biografía –el relato de una vida- de un periódico. El periódico tiene vida. Debe superar cada día (se llama diario) los imprevistos del tráfico político y sus accidentes electorales, del colesterol partidista y sus puñaladas publicitarias, de la hipertensión económica y sus desmanes financieros. Tres ilustres representantes del comité encargado de que se dejen de publicar periódicos para cerrar empresas editoriales. Todo esto en medio del tsunami demoledor de Internet y su galaxia expansiva de las redes sociales. Un insaciable agujero negro. En la actualidad, un avispado usuario con un teléfono de medio pelo puede ganar el prestigioso premio Pulitzer si está en el sitio oportuno y en el momento oportuno. O escribir una crónica, un artículo de opinión o un blog con independencia de su calidad literaria, de la altura intelectual y del valor ético de lo contado. Para mayor escarnio, el artista tiene -en un suspiro on-line– más potenciales lectores que toda la prensa mundial desde Gutemberg. ¿Alguien duda de la aventura que supone para un periódico cumplir años? Al comienzo hablábamos de lotería en el lance personal del vivir; ahora hay que hablar de milagro –fenómeno sobrenatural- en la desventura profesional del sobrevivir (los periódicos). El consumo de prensa escrita en España anda por el 33,3%, la más baja en los últimos dieciséis años.

El periódico HOY cumple años. Solo ochenta. Para celebrarlo, como ocurre cuando hay una oportunidad de este tipo, cada cual regala o hace lo que más le deleita o puede. En mi caso, la decisión ha sido fácil de tomar pues se han invertido los papeles. Es el periódico el que me regala a mí la ocasión de participar en la fiesta periodística de su aniversario. El cumpleaños es un homenaje puntual, un recopilatorio o balance del tiempo dejado atrás, de las vivencias, de los afectos, de la memoria. Es un arqueo de la experiencia vivida. El cumpleaños de HOY es el de todos y cada uno de sus casi ciento cincuenta mil lectores. En la experiencia vivida del lector individual late la vida, la biografía, la esencia del periódico. Un grano de tierra es poca cosa. Millones conforman el Himalaya. Los lectores de HOY, junto a los colaboradores habituales u ocasionales, los anunciantes, los repartidores, los quiosqueros y los periodistas que hacen el periódico formamos un ‘himalaya’ intelectual, una cordillera afectiva. A esta comunidad de la información nos une un afecto común: el abuelo HOY. Un octogenario incrustado en nuestras vidas.

En agosto leí una columna (‘A informaçao biquini’) en el prestigioso periódico lisboeta Diario de Noticias. El autor, André Macedo, director de la revista económica Dinheiro Vivo, describe el perfil de los lectores de los periódicos más relevantes en el mundo político y financiero internacional. La pareja de hecho formada por el poder y la prensa. Dice lo siguiente (la traducción, libre y literal, es mía): el Daily Mirror es leído por las personas que piensan que mandan en el país. El The Guardian es leído por las personas que piensan que deberían ser ellas quienes tendrían que mandar en el país. El The Times es leído por las personas que realmente mandan en el país. El Daily Mail es leído por las mujeres de los hombres que mandan en el país. El Financial Times es leído por los dueños del país. El Morning Star (periódico del Partido Comunista) es leído por las personas que piensan que el país debería ser mandado por otro país. El Daily Telegraph es leído por los que piensan que ellos son realmente mandados por otro país’. Más adelante, Macedo expresa una verdad irremediable: ‘Hay tanto que decir sobre los periódicos’ y señala que hay diarios del poder político, de los jueces, de la policía, de los empresarios, de los intelectuales –aquí se pregunta, supongo que con retranca, si todavía hay intelectuales-, de los profesores, de los pensionistas, etcétera. Incluso hay espacio para ‘nichos’: periódicos con una tirada de apenas cuatro mil ejemplares diarios pero cuyo peso es enorme en las opiniones económicas y políticas que afectan a un país. El autor añade algo importante que cito en original: ‘Na verdade o que parece escasear são jornais que olhem para o todo e escolham o relevante. Que traten as notícias não na perspectiva de um grupo de interesses, mas que estejam abertos a todo o universo informativo sem ficarem, digamos capturados’. Es decir, prensa libre, no sometida a los ‘lobbies’ económicos, religiosos, ideológicos o políticos. Prensa que fotografíe el mundo con un gran angular (‘que olhen para o todo’) y seleccione el objetivo, la noticia (‘escolham o relevante’). Que miren para el todo y escojan lo importante. Sostiene Macedo, citando una frase del primer ministro Jim Hacker de la serie ‘Yes, Prime–minister’: ‘Si las personas no saben lo que estamos haciendo en el gobierno, no sabrán lo que hacemos mal en el gobierno’. Digo yo: si la información es poder, su ausencia es regalar más poder al poder.

De vuelta a nuestro periódico cabe preguntarse por el papel que desempeña HOY en la realidad de Extremadura y si está sometido a algún grupo de poder local. Las respuestas serán tan variadas como lectores hay. En mi opinión, el periódico desempeña un papel fundamental en nuestra historia reciente. No se concibe la realidad de esta región sin su presencia. Junto a las noticias de todos los ámbitos geográficos y temáticos se publican las opiniones, quejas, demandas, aciertos, agradecimientos y dudas de miles de ciudadanos. No solo de los poderosos e importantes. Cualquiera con iniciativa y un mínimo de decoro ético y literario puede hacerlo. El periódico es la caja de resonancia de nuestras inquietudes, incertidumbres, deseos, esperanzas y temores. Las páginas del HOY plasman el latido vital de Extremadura. HOY (nos) pertenece a los extremeños de dentro y de la diáspora (otro millón). Nadie puede demostrar que sea dominio de un ‘lobby’ local si bien pertenece, naturalmente, a un grupo económico. En un tiempo remoto HOY fue la correa de transmisión de la Iglesia Católica; luego, del sector de las hidroeléctricas. Ahora es propiedad de Vocento, una corporación plural que defiende los intereses de sus accionistas. En buena lógica, y sin caernos del guindo del todo, los grandes grupos generan o apoyan la opinión favorable a sus fines. Presionan en la medida que pueden a los políticos locales para tenerlos a su lado. Los partidos políticos, por su parte, con técnicas más o menos subrepticias como la publicidad institucional cuando se tiene la llave de la caja común, tratan de barrer hacia el corral partidario, de cara a su parroquia. Es normal. La tensión entre los poderes de la democracia. La prensa -¿el cuarto poder?- es el vicario mediático de los dioses económicos. Los políticos son, o deberían ser, los procuradores –que procuran- de la sociedad. La penosa realidad es otra: buena parte de la prensa sirve, incluso de modo servil, a los grandes grupos. Los partidos parecen estar ocupados solo en sus propias estructuras y jerarquías endogámicas. Un desastre.

El papel de director de periódico, en los tiempos de turbulencia que corren, es realmente muy difícil de ejercer. Si es un hombre cabal y decente, de los que se ponen a diario la armadura de la ética periodística, resultará un héroe cuyo futuro laboral será incierto. Aún existen raros ejemplares de esta especie en peligro de extinción porque lo que está ocurriendo, en muchos medios, es otra cosa. Las tertulias de la televisión y de las radios participadas por ciertos periodistas de proyección nacional provocan vergüenza ajena y desconfianza absoluta respecto a la independencia de la prensa. Los citados vocingleros son unos simples camorristas que, arropados con la bandera chamuscada de la autonomía profesional, no tienen ningún pudor en defender lo indefendible, de un lado o del otro, a fin de mantener colmado su pesebre. No quieren entender que los ciudadanos, como dice el famoso anuncio, no somos tontos. En el mucho tiempo que llevo de lector, y en los no pocos años que acabo de cumplir como colaborador de HOY, no he percibido que ninguno de sus directores estuviera sometido a los grupos locales de presión, sin dejar de estar incardinados en la estructura de la empresa editora. A pesar de las presiones. Por el contrario, les he visto defender a todos, aunque con desigual solicitud, los intereses de la región. Ha habido preferencias, empatías, buen o mal entendimiento con determinados gobernantes, más veces personal que ideológico. Nunca acatamiento descarado al poder ni apoyo guerrillero a la oposición del momento. Puedo ser, o parecer, ingenuo pero es mi opinión sincera. A sabiendas de que hay quien no estará de acuerdo.

HOY cumple ochenta años. Nació el uno de enero de 1933. Un año muy especial y republicano en tiempos revueltos. Sugiero que, junto al homenaje obligado al periódico, se incluya un recuerdo a la generación de los buenos españoles nacidos entonces. Los del montón que ahora andan por los ochenta. Nuestros padres y abuelos. España nunca podrá pagar con justicia su generosidad y entrega. Reconocer lo que han hecho por el bien común estas personas decentes. Su sacrificio. Ciudadanos que, abochornados por lo que ocurre y sin perder su ejemplar discreción, viven hoy sus heroicos cumpleaños. Felicidades, quinta del HOY.


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