El tiempo entre gorduras

Este periódico se acaba de hacer eco de un asunto de gran interés general: la obesidad y el sobrepeso (en adelante, el exceso de peso). Un grave problema de salud pública (es un enorme error entenderlo como un problema estético: ¡qué diría Pedro Pablo Rubens!). El exceso de peso es una auténtica pandemia (no todas son infecciosas); es decir, un problema sanitario de dimensión global, muy especialmente en el mundo occidental y desarrollado. Las cifras han crecido de forma alarmante en las últimas décadas. Su consecuencia irremediable es el aumento de otros problemas médicos asociados, amén de lo que supone desde el punto de vista psicológico (burlas, rechazo, autoestima por los suelos) para los afectados. O el formidable negocio económico que nutre a miles de listos ‘chupagrasas’ a costa de las vanas esperanzas de una cantera inagotable de personas ilusionadas por adelgazar. En nuestro entorno hipercalórico, media población sufre de (o se muere por) alguno de los problemas asociados al exceso de peso, con un coste personal, familiar, social, sanitario y económico inconmensurable. La otra mitad se deshidrata y extenúa en los gimnasios, en las calles, paseos y puentes en busca del inalcanzable ‘peso ideal’. Proliferan los mitos sobre las causas y las soluciones del problema del exceso de peso.

El exceso de peso es un problema enormemente complejo, un enigma científico. En su génesis se combinan, de forma diabólica, aspectos genéticos, familiares, educacionales, dietéticos, conductuales, metabólicos y, como veremos, algún otro. Hay cosas que parecen muy claras y aceptadas por la mayoría. Por ejemplo, y dicho en términos económicos, si se gastan más (calorías) de las que se ingresan o, al revés, si se ingresan menos de las que se gastan, se puede mantener un peso adecuado, o perder el exceso. El caso extremo es la trágica experiencia de los campos de concentración, o las huelgas prolongadas de hambre, que no necesitan más debate. Pero, si entra más de lo que sale, ¿el resultado irremediable será siempre el exceso de peso? Tal vez no. Todo el mundo conoce a alguien que «come y bebe más que yo y, el muy o la muy tal, no engorda mientras que yo me cebo con solo mirar a un donut…».

La ciencia rigurosa no para ni se conforma con las explicaciones simplistas, por muy arraigadas que estén, y se afana en buscar nuevas vías de conocimiento. Por ejemplo, en conocer a fondo el llamado microbioma intestinal. El microbioma, o microbiota, es la comunidad de bacterias (con sus genes) que viven en/sobre/dentro de cada uno de nosotros. Por cada célula de nuestro cuerpo hay diez bacterias. Tenemos diez billones (con b) de células y nos habitan en torno a cien billones (con b) de bacterias. Sí, ha leído bien: viven sobre o dentro de nosotros: en la piel, en la boca, en el tracto respiratorio superior, en el tracto digestivo (sobre todo en el colon, o intestino grueso) y en el tracto genitourinario (sobre todo en la vagina de la mujer). Si se cifra el genoma bacteriano (la cantidad de genes) de esta comunidad, es cien veces mayor que el del ser humano que las alberga. El colon hospeda a la mayor cantidad de bacterias (tiene el mayor microbioma). Sus cifras son espectaculares: por cada kilogramo de heces en peso seco, entre un cuarto y medio kilo son bacterias repartidas en ciento sesenta especies diferentes entre las cuales predominan dos grandes grupos: Firmicutes y Bacteroidetes. Cada persona tiene las suyas propias (una especie de DNI microbiológico) y son muy diferentes de las de otros. Se sabe que existen tres grandes grupos poblacionales, llamados enterotipos, ajenos a razas, sexo o fronteras. Las bacterias del microbioma intestinal humano llegan al colon en el momento de nacer y residen en él hasta la muerte de la persona. Por algo será. Veamos.

El microbioma colónico desempeña, además de otras importantes funciones, un papel primordial en la génesis y el mantenimiento de la obesidad. Algunas personas tienen un perfil determinado de bacterias, en proporciones definidas, muy relacionadas con la obesidad: mayor cantidad de Firmicutes que de Bacteroidetes (ambos grupos suponen más del 80% del total de bacterias). Estas personas tienen facilidad para engordar. Gestionan las grasas y los carbohidratos de la dieta a favor del almacenamiento graso (michelines, lorzas o tocinos), aunque nadie crea que esto es un simple almacén de grasa: el tejido adiposo es un formidable órgano metabólico y hormonal al que empezamos a conocer. Por su parte, las personas del perfil contrario, es decir, con menos Firmicutes y más Bacteroidetes en su microbioma colónico, suelen ser delgados porque sus Bacteroidetes estimulan a los genes que ayudan a digerir las fibras. Naturalmente, el asunto de fondo es bastante más complejo. No hay una acción bacteriana directa y simple. Los alimentos actúan en el intestino a través de la activación de los genes bacterianos. Por otra parte, no se sabe aún cuál es la relación entre estos y los genes humanos.

La información que aquí exponemos puede servir para estimular la autoestima de quienes ahora sufren la pesada carga del exceso de peso. La ciencia encontrará, muy probablemente, respuestas adecuadas a este grave problema de salud. Lo cual no significa el abandono de una dieta razonable y variada, sin excesos -en cuanto a la cantidad (lo que se queda en el plato no engorda)- y nutritiva. Junto a un hábito de vida y de ejercicios apropiados a la edad y a las condiciones de salud de cada uno. Y puede servir de advertencia a los incautos para no caer en cualquiera de los muchos timos de la estampita ‘desinflagordos’. Ciertas dietas-milagro demuestran una eficacia inmediata espectacular, pero es muy efímera y seguida de un efecto de rebote y la decepción subsidiaria. Si el colon de usted está poblado por las bacterias Firmicutes que favorecen la obesidad al metabolizar las grasas y los hidratos de carbono, no tendrá fácil perder y/o mantener el peso hasta que la ciencia le ayude a regular/contrarrestar a los genes del microbioma intestinal. De momento, y hasta entonces, le vendrá muy bien comer frutas, verduras y legumbres (es decir, abundantes fibras) a diario para dar trabajo a los genes pro-adelgazantes de sus Bacteroidetes. La acción metabólica de estos es más eficaz que la bicicleta o las pesas del gimnasio, los necesarios aliados en la guerra contra el exceso de peso. En el tiempo entre gorduras en que vivimos, somos lo que comemos, pero no solo por la cantidad de calorías. Importan mucho la cualidad y proporción y, sobre todo, los genes bacterianos del microbioma intestinal.


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