Los libros de medicina de la RSEEAP

Cumplir doscientos años de existencia no está al alcance de cualquiera. Pueden hacerlo ciertas ruinas de la historia, y excelente prueba es el tesoro milenario de Augusta Emérita; algunas formidables construcciones vivas, como el Cáceres medieva, o el monumental Trujillo; los castillos y fortalezas sembrados por nuestros pueblos y ciudades; y, también, ciertos árboles longevos, sirva de ejemplo nuestra centenaria y emblemática encina, la tatarabuela de la dehesa. También logran la hazaña instituciones y, aún en estos complejos tiempos digitales, determinados libros. Los libros de papel no perdurarían si no hubiera quien los custodia en el lugar apropiado, es decir, en las bibliotecas, cualquiera que sea su tamaño o importancia, desde la extraordinaria del monasterio de Guadalupe hasta la muy modesta, pero impresionante y emparedada a su pesar, biblioteca de Barcarrota, pasando, cómo no y entre otros, por el legado del Marqués de la Encomienda.

La Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del País (en adelante, RSEEAP) forma parte de este club de privilegio capaz de cumplir dos siglos cuando, en su caso, apenas se le atisba la pelusilla de los verdes campos de la mocedad. Sin duda, lo mejor de la RSEAP es su capital humano: el de antes, con los padres fundadores al frente, y el de ahora, los herederos y mantenedores del patrimonio. Heredad que contiene, y en un sitio de honor, su excelente biblioteca. La hermosa biblioteca general de la RSEEAP empezó a gestarse a partir de 1816, cuando nació la sociedad. Pero fue en 1872 cuando Emilio Barredo donó 315 volúmenes para el fondo de la que empezó a ser la primera biblioteca pública de la entonces provincia de Extremadura. Desde el inicio se especializó en el siglo XIX, si bien su obra más antigua, en nuestro conocimiento, se remonta a 1552, en concreto, se trata de la obra completa de san Agustín. A costa de legados, donaciones de socios y de entidades públicas y privadas, compras a particulares y en librerías de viejo, fue creciendo hasta disponer del actual conjunto documental: biblioteca, hemeroteca y archivo (con 64 cajas de documentos). Ahora (septiembre de 2015) custodia 27.225 libros, de los cuales 22.639 están catalogados. Y acoge en sus veteranos anaqueles un pequeño gran inventario bibliográfico de sumo interés: se trata de la sección de documentos relacionados con la medicina. Lo que podemos llamar, sin exagerar en la denominación, la biblioteca de medicina. El catálogo incluye en torno a 875 obras, algunas repetidas, cuyas características más destacadas son las siguientes:

Fechas de edición

La relación de las obras que se nos ha entregado para este pequeño análisis no proporciona la fecha de edición de 67 documentos (7,65% del total). El resto son del siglo XVII (un solo libro), siglo XVIII (52/5,94%), siglo XIX (549/62,40%) y siglo XX (206/23,54%). No hay ninguna referencia editada en el siglo XXI.

Idiomas

La gran mayoría de los documentos están escritos en castellano, si bien muchos son traducciones de obras extranjeras. Solo 74 están redactados en lenguas diferentes al español: latín (13), italiano (1), alemán (1), portugués (3) y francés (56). Llama la atención el hecho de no haber ni una sola obra en inglés original.

Temática

Como se puede comprender, las materias de las que versan las diferentes obras son múltiples y variadas. Engloba todo el espectro de asuntos sanitarios. Con el riesgo de que se haya escapado alguna, hemos encontrados las siguientes (la clasificación temática es nuestra): fisiología, anatomía humana, higiene y salud pública, farmacia, terapéutica, hidrología, balnearios, patología clínica, microbiología, virología, enfermedades infecciosas, parasitología, venereología, genética, endocrinología, nutrición, obstetricia, pediatría, puericultura, dermatología, neumología, tisiología, neurología, psiquiatría, oftalmología, otorrinolaringología, odontología, cirugía, traumatología, urología (¡litotricia en 1827!), divulgación sanitaria, toxicología, filosofía, medicina forense, reglamentos de colegios de médicos, legislación sanitaria, tesis doctorales, reglamentos de academias, medicina castrense, homeopatía y veterinaria. Un amplio abanico de colores.

Nacionalidad y rango de los autores

Naturalmente, existe un neto predominio de autores españoles, pero no es desdeñable la nómina de extranjeros, sobre todo de algunos de los importantes médicos franceses del siglo XIX. La categoría y el rango científico son muy variados. Se mezclan autores del mayor nivel con otros meramente divulgativos, o prácticamente desconocidos. Sin desmerecer a nadie, entre los autores nacionales de alto nivel destacamos al sin par Santiago Ramón y Cajal (histólogo y premio Nobel de Medicina en 1906), el no menos prestigioso Gregorio Marañón (médico, intelectual y político), el italo-español Gustavo Pittaluga (hematólogo y parasicólogo, discípulo de Cajal y colega de Marañón), Pedro Laín Entralgo (médico, intelectual y profesor) y Francisco Grande Covián (investigador de la nutrición). También el vallisoletano historiador de la medicina Antonio Hernández Morejón (siglos XVIII-XIX). En el campo internacional, Hipócrates y sus aforismos, el médico, botánico y humanista holandés Hermanni Boerhaave (1668-1738), los franceses François Magendie (maestro de Claude Bernard), Jean Astruc (1684-1766), que fue autor de una amplia obra sobre sífilis y enfermedades venéreas, Claudio Bernard (biólogo, médico y fisiólogo), el prestigioso clínico Armand Trousseau, François Xavier Bichat fundador de la histología moderna, Francisco José Víctor Broussais (discípulo de Bichat y médico del ejército napoleónico), el excelso microbiólogo alemán Robert Koch, fundador de la microbiología moderna, Linus Pauling (el doble premio Nobel de Química, 1954, y la Paz, 1962) y Artur C. Gayton (autor del famoso tratado de Fisiología).

En la esfera divulgativa (autores mediáticos) cabe destacar al periodista Ramón Sánchez Ocaña, al médico Bartolomé Beltrán, la sexóloga Elena F. Ochoa y el psiquiatra Enrique González Duro.

En cuanto a los extremeños, el listado de autores es amplio, desde el más antiguo, y uno de los más populares, Juan Sorapán de Rieros (siglo XVII) con sus famosos refranes (Medicina española contenida en refranes vulgares de nuestra lengua, de 1516, pero en edición de 1991), hasta quien firma este documento. Además, el polémico erudito emeritense Juan Pablo Forner (autor de Noticia de las aguas minerales de la fuente de Solán de Cabras en la Sierra de Cuenca), Nicolás Pérez Jiménez (médico, historiador, poeta, fabulista y biógrafo de Muñoz-Torrero), Nicolás Díaz y Pérez (cronista de Badajoz fallecido en 1902, el año de inauguración de la Academia de Ciencias Médicas de Badajoz, presidida entonces por Bartolomé Sánchez), Juan Rincón Núñez, Gonzalo Barrientos Alfageme, José Manuel Luengo Pérez, José López Gómez, Pilar M. Rodríguez Flores, Salvador Haba Quirós, Diego Peral Pacheco, Isabel Rovira Farré (dermatóloga catalana afincada en Badajoz), J. Inmaculada Sánchez Casado, Jesús Miguel García Menaya (alergólogo), Francisco Martínez Bruque, José Luis Ferrer Aguareles (salud pública), Enrique Macía Botejara (internista), José Abril Torres (traumatólogo), Fernando Bermejo Martín y el catedrático de fisiología de la UEx y divulgador científico José Enrique Campillo Álvarez. Una mención especial merece el insigne Narciso Vázquez Lemus, ilustre socio de la RSEEAP, del que aportamos parte de la reseña que Álvaro Meléndez Teodoro publica para el Ayuntamiento de Badajoz: “Médico cirujano, socio fundador de la Academia Provincial de Ciencias Médicas [cuyo reglamento Estatutos y reglamento de la Academia Provincial de Ciencias Médicas de Badajoz forma parte del catálogo aquí analizado], miembro de la logia masónica Pax Augusta, concejal en 1882, dirigió el periódico El obrero federal y diputado provincial en 1905. Presidente provincial de la Cruz Roja en 1888. Socio destacado de la Sociedad Económica de Amigos del País cuya Junta Directiva lo nombró presidente del Colegio de Médicos en 1899. Falleció en 1932”.

Socios médicos

Además de los médicos reseñados como autores de obras, contemporáneos o pasados, merece la pena citar a algunos de los colegas de antaño que fueron socios de la RSEEAP como Carlos Ardila (aceptado como socio en 1901), Benito Crespo, Mariano Ordóñez, Julián Romero, Jesús Pinna (secretario, con Vázquez Lemus, del Colegio de Médicos en 1899), Federico Alba Lagos, Juan Sanz Calcedo (quien, en 1929 aplicó el famoso método del donostiarra doctor [Fernando] Asuero), Damián Téllez de Peralta (también presidente del Colegio de Médicos en torno a 1950 y ponente de la conferencia “Estudio médico de la Pasión de Jesús”, en 1949) y el ginecólogo y político Matías Martínez Pereda (1967). No hemos podido averiguar aún si el que fuera alcalde de la ciudad, en torno a 1906, y luego secretario y presidente de la RSEEAP (1908), Merino de Torres, fue médico, pero ocupa aquí un lugar de privilegio por donar 51 volúmenes empastados de obras de medicina. Y, cómo no, al ilustre doctor Regino de Miguel y Guerra, director del hospital provincial de Badajoz, académico, miembro destacado del Ateneo y de la RSEEAP, así como bibliotecario de la Academia Provincial de Ciencias Médicas, la semilla de la que nació el Colegio de Médicos. Él, como algún otro, es merecedor, por su importancia, de un trabajo mucho más extenso que el presente.

El fondo antiguo

En mi modesta opinión, este es uno de los aspectos interesantes de la biblioteca médica de la RSEEAP. En el catálogo figuran obras que, si bien son de una relativa trascendencia científica, tienen el mérito de que sus autores, en general, fueron prolíficos publicando y, por tanto, cabe pensar que profesionales de crédito. Amén de su antigüedad lo que de por sí es un valor en el particular mundo de la bibliofilia. Por motivos de espacio, solo hacemos aquí referencia a algunas. Por ejemplo, a Ruland Martin (1532-1602), médico y alquimista alemán seguidor de Paracelso. Su hijo Martín Ruland el joven (1569–1611), también fue un médico de renombre. Ruland el viejo publicó las Centurias o Curationum empiricarum et historicarum Centuria, en 10 volúmenes en Basilea. José Jacobo Plenck (1738-1807) fue un médico y botánico docente en Basilea y en Viena. Uno de los pioneros de la moderna dermatología, inspirado en el método taxonómico de Carlos Linneo. El humanista holandés Herman Boerhaave (1668-1738) también fue médico y botánico de enorme influencia en tres ramas del saber: química, botánica y medicina. El autor francés Anne-Charles Lorry, médico que trató a Luis XV en su última enfermedad. Escribió De praecipuis morborum mutationibus et conversionibus tentamen medicum. En su libro De morbis cutaneis (1777) hizo la primera tentativa de clasificación de las enfermedades de la piel. Jean-Baptiste Borsieri de Kanilfeld (1725-1785), fue el autor de Institutionun medicinae practicae… Y algún otro.

Carencias

En esta breve reseña, hecha a vuelapluma por un aficionado a los libros que carece de la pericia necesaria para realizar un análisis documental riguroso, cabe destacar alguna carencia. Por ejemplo, de literatura en inglés. Este hecho, sorprendente, acaso sea debido a que el grueso de las obras pertenecen a los siglos XVII y, sobre todo, al XIX, cuando el francés era el idioma de la ciencia en toda Europa y dominaban el escenario los autores galos, algunos citados aquí, de enorme peso específico. Aún así, asombra que durante el siglo XX (sobre todo la segunda mitad), y lo que va del XXI, no se haya incorporado ningún libro de escritura anglosajona. El inglés es, desde hace años, la lengua de comunicación científica universal. Otro hecho que nos llama la atención es la escasa muestra de obras de los autores españoles de mayor peso, algunos citados aquí. A saber: de Ramón y Cajal solo hay un libro (Elementos de histología normal…), de Marañón, tres, de los cuales uno es un ensayo (La Medicina y nuestro tiempo) y las otras son dos obras menores. De Laín Entralgo solo figura su Historia de la Medicina. Otro dato es la casi nula presencia de la medicina de Guadalupe, con solo el libro de Arana Amurrio. A la luz de esto, uno se pregunta hasta qué punto algunas de estas lagunas no son la consecuencia natural de que algunos, que somos socios de la RSEEAP, médicos y, en algún caso también, escritores tengamos olvidados los anaqueles de medicina de la biblioteca de la sociedad. Nunca es tarde. A efectos de purgar la pena, dentro de la pírrica importancia que puede tener el hecho, ese será nuestro regalo de aniversario a la RSEEAP, la joven agrupación cultural que solo tiene dos siglos de vida. Salud.


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