Entrevista a Eugenio Amaya, Director de Marco Aurelio

Háblenos de este título. ¿Qué es “Marco Aurelio”, cómo definiría esta obra y qué tiene de especial?

“Marco Aurelio” viene a llenar una inexplicable laguna en la literatura dramática universal. Una figura histórica de tal entidad, el emperador-filósofo a quien se considera el último gran emperador del Imperio Romano, necesitaba que se le tuviese en consideración sobre un escenario. Así lo entendió Agustín Muñoz Sanz, autor de la obra. Ha conseguido sintetizar la peripecia vital del emperador-filósofo, autor de las “Meditaciones”, un texto que sigue plenamente vigente y que rescata elementos de la filosofía estoica que, aún hoy, nos ayudan a enfrentarnos a los dilemas de la existencia. La obra resulta cercana, emocionante y nos presenta un gran personaje dramático que el público ha sabido apreciar.

¿A qué nos enfrenta “Marco Aurelio”, de qué habla, en qué llagas mete el dedo?

“Marco Aurelio” nos habla de lo difícil que es gobernar siguiendo preceptos éticos. Es una reflexión sobre el poder y el uso que se hace de él en circunstancias difíciles. Como gobernante, “Marco Aurelio” tuvo que hacer frente a conflictos bélicos en dos frentes, el oriental y el del norte, y enfrentarse a los estragos que hizo la peste en el Imperio. El público comprobará como los temas que trata la obra resuenan vigorosamente en la actualidad. Es una obra universal cuya validez seguirá de actualidad durante mucho tiempo.

¿Qué caracteriza la escritura de su autor, Agustín Muñoz Sanz?

El texto de Agustín Muñoz Sanz es el resultado de un proceso de investigación riguroso y exhaustivo. A la vez, consigue sintetizar los conflictos humanos a los que tuvo que enfrentarse el protagonista y convertirlos en material dramático apto para ser escenificado y disfrutado por el público. El lenguaje tiene una elevada calidad literaria y, a la vez, es comprensible y fácil de seguir. Todo ello facilita la identificación del público con la historia.

¿Cuál ha sido la intención de Eugenio Amaya a la hora de poner en escena el montaje? ¿Cómo es su puesta en escena?

Mi intención, como siempre, ha sido ser fiel a la obra y sacar el máximo partido a los ingredientes de la puesta en escena. Hay una gran exhibición interpretativa de Vicente Cuesta quien interpreta a Marco Aurelio con una sensibilidad rotunda y llena de convicción. Lo mismo ocurre con José Vicente Moirón que encarna a Cómodo, el hijo de Marco Aurelio, con un despliegue de intensidad expresiva que deslumbra. Están magníficamente apoyados por el resto del reparto: Gabriel Moreno, Cándido Gómez, María Lama, Fermín Nuñez y Roberto Calle se sumergen en sus personajes con gran talento y entrega. Los actores cuentan la historia y hacen que el público se emocione y no pierda el hilo desde principio a fin. Mención aparte es el Coro de bailarines, dirigidos por María Lama. Confieren al espectáculo una dimensión dramática de gran vigor expresivo. El equipo técnico-artístico (espacio escénico, iluminación, música, vestuario, caracterización) aporta la dimensión estética que eleva todo y convierte el montaje en una notable experiencia estética.

¿Cómo recuerda la experiencia en Mérida?

En Mérida siempre he intentado establecer un diálogo con el monumento. Aprovechar el espacio al máximo y convertirlo en cómplice de la narración dramática. El encargo de José Fernando Delgado y Jesús Cimarro, a quienes estoy muy agradecido por contar conmigo, fortaleció mi sentido de responsabilidad. La productora Teatrapo tiene como sello de identidad el teatro visual donde el gesto y la mezcla de lenguajes son un componente fundamental. Hemos conseguido una obra de teatro de texto donde la danza juega un papel decisivo. Me siento orgulloso de esta fusión armónica y de gran intensidad expresiva.

¿Por qué  no debemos perdernos “Marco Aurelio”?

Los amantes del teatro disfrutarán con el espectáculo. Es entretenido, tiene profundidad, verosimilitud y garra. Es también una buena oportunidad para que los “nuevos públicos” se acerquen al teatro y descubran una experiencia que les haga disfrutar y reflexionar.

Fuente: Revista Teatros


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