Dr. Muñoz Sanz: Coronavirus, el agitador de las redes sociales

DR. AGUSTÍN MUÑOZ SANZ
Profesor Titular de Patología Infecciosa. Universidad de Extremadura.
Academia de Medicina de Extremadura

La epidemia con vocación pandémica (desde diciembre 2019) causada por el séptimo coronavirus (CoV) del Apocalipsis, o COVID-19, reta de nuevo a los sistemas sanitarios, económicos, mediáticos, políticos y sociales del planeta Tierra. El hecho no es el primero, ni será el último, ni el peor.

Respecto a las epidemias/pandemias históricas, lo nuevo es el auge actual e incontrolado de las redes sociales. Pero se trata de una coronavirosis más (dicho con las reservas obligadas ante la emergencia de un código genético vírico nuevo): la comunidad científica conoce los CoV desde 1965; sabía de la implicación de los murciélagos (mamífero reservorio), del origen geográfico asiático, del modo de difusión (vía respiratoria y por contacto) y de las formas clínicas de presentación (de una infección respiratoria alta hasta una neumonía de la comunidad grave con posibilidad de evolucionar a distrés respiratorio); resulta familiar la atrevida estulticia de los expertos, los poli-tertulianos, los instagramers y los inventa fakes; y se repite la incertidumbre y el miedo de la población general.

Pero no era conocida, hasta ahora, la existencia de este COVID-19 provisto de nuevo material genético recombinante, ni la implicación de otros animales reservorios (e intermediarios), ni la brutal repercusión mediática (la gripe A de 2009 sirvió de ensayo) o la peligrosa contaminación política (supuesta guerra biológica, la cierta guerra comercial interpotencias, la distracción de numerosos problemas socio-económicos); y, como colofón, el grave mazazo a la economía y estabilidad mundial.

Coronavirus, al margen de las redes sociales

En medio de tal maremágnum, destacamos lo siguiente:

  1. A partir de la experiencia china sabemos que el virus parece comportarse según la vieja norma epidemiológica mientras traspasa las fronteras de varios continentes; es lo habitual: una epidemia surge de súbito, se expande pronto, afecta a miles de personas y suele dañar a los más vulnerables (ancianos, inmunodeprimidos, pacientes con patologías crónicas).
  2. La capacidad de contagio (el famoso índice R0, o número reproductivo básico) parece, hasta ahora, moderada (algo más de dos casos por infectado).
  3. Sin olvidar a los portadores asintomáticos, la forma de presentación clínica es un cuadro respiratorio inespecífico y moderado. Los graves hacen neumonía y los extremos fallo respiratorio y multiorgánico agudo.
  4. El diagnóstico es relativamente fácil por la epidemiología (viajes, contactos), el cuadro clínico y el laboratorio (genómica).
  5. No hay tratamiento curativo (que neutralice al virus), pero existen moléculas farmacológicas en investigación.
  6. No hay vacunas aún (hay experiencia en animales); la tecnología y conocimientos actuales permiten aventurar su logro (no a corto plazo).

Se sabe mucho, pero se ignora bastante

Se sabe mucho, pero se ignora bastante. En la evolución natural del proceso llegaremos a conocer si existen otros animales reservorios (portadores sanos), además de algunas especies de murciélagos, y hospedadores intermediarios (serpientes, pangolines o folidotos, civetas, camellos, etcétera): en este sentido, las aves migratorias y algunas ballenas están familiarizadas con ciertos virus (gripe); ignoramos si el COVID-19 viaja también con ellos, un dato de interés por sus hábitos peregrinos.

El papel de la vía fecal-oral en el contagio interhumano (el virus está presente en las heces de los afectados). Del mismo modo, valorar el posible contagio sexual (como aprendimos con el dengue y el ébola). La importancia real de los fómites en el contagio: hay estudios que demuestran que los CoV humanos pueden sobrevivir en las superficies (de dos horas a nueve días) y los CoV animales cerca de un mes, según la temperatura y el grado de humedad.

La lejía diluida (0,1-0,5%), el alcohol de 70-80º y otros productos neutralizan al virus en un minuto. Un dato muy importante porque, además de las deseadas mascarillas, la desinfección de las superficies expuestas y el lavado concienzudo de las manos en los escenarios de riesgo aminorarán el problema. Un joven estudiante puede tocarse la cara veintitrés veces en una hora: más de la mitad (56%) en la piel y poco más de un tercio en las mucosas nasal, oral y ocular. Suficiente para entender la importancia del lavado de las manos. Hasta que la siguiente epidemia vuelva a agitar la rēs pūblica.

Fuente: Biotech Magazine


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