El primer virus asiático pudo llegar a América como polizón en un galeón de Manila antes de 1576

Las epidemias históricas son probablemente, de entre todas las desgracias de la humanidad, nuestras incógnitas peor desveladas. En 1576 se produjo en el territorio de Nueva España la que seguramente fue la peor catástrofe epidémica del continente, la «gran peste» para los españoles, huey cocoliztli (la gran enfermedad) para la población autóctona. Dice Dávila Padilla, agustino que vivió en su adolescencia la epidemia, que «apenas daba tiempo a los vivos para enterrar a los muertos» y las víctimas se contaban por millones, según la encuesta ordenada por el virrey Enríquez. pero que recoge sólo población empadronada a tal efecto, por lo que la cifra de muertos debió ser mucho mayor.

Se dio la circunstancia de que algunos de los mejores científicos de su tiempo estaban en Nueva España en aquel momento y se enfrentaron a la misma: Bernardino de Sahagún (autor de la «Historia Natural de la Nueva España»), Francisco Hernández (médico de cámara de Felipe II y encargado por este para inventariar la ciencia médica de los aztecas), Juan de la Fuente (primer catedrático de medicina de la Universidad de México), Francisco Bravo (autor del primer libro de medicina editado en América). No obstante, y a pesar de las crónicas españoles e indígenas, que dejaron una detallada descripción de la enfermedad, ésta nos sigue siendo desconocida.Thanks for watching!PUBLICIDAD 

Sin duda, la búsqueda de la culpa, más que la de las causas en el despoblamiento súbito de América, no permitió que se considerase el importante papel de las epidemias hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. España mantiene una deuda moral con Francisco Guerra, epidemiólogo español, cuyas investigaciones y publicaciones desde 1966 resultaron sin duda las contribuciones más importantes (junto con W. Borah y N. D. Cook) sobre el conocimiento de la consecuencia biológica de la expansión europea en América.

¿Causas culpas?

El impacto biológico fue de tal dimensión destructiva que las enfermedades occidentales explican eventos tan dramáticos y puntuales como la caída de Tenochtitlan frente a un diezmado ejército español, o tan irreparables y generales como el fantasmagórico despoblamiento de las Antillas o el colapso del imperio azteca y de todo su orden demográfico, social y cultural.

Sin embargo, escuelas como la de Berkeley de historiadores y antropólogos reformularon la vieja tesis política de que fue la crueldad de los españoles la que causó la sima demográfica, sosteniendo una visión de la epidemia como una herramienta de conquista y sometimiento. La civilización «infecciosa» hispánica, su acervo patogénico fue el culpable, más que causante, de estas epidemias devastadoras.

Sorprendentemente, esta ideología puede haber permeado la neutralidad de otras disciplinas científicas y dificultado identificar la etiología del origen del huey cocoliztli de 1576. Y es que sólo hay una, estrictamente una, coincidencia universal en toda la innumerable bibliografía que aborda la gran epidemia: ésta tenía que provenir del mundo europeo hispano. Tan sólo un artículo (de Acuna-Soto et al.) ha especulado sobre el origen autóctono de un virus, surgido de ratones americanos.

Esta necesidad de hispanoformar las grandes epidemias americanas, de causalizarlas en la conclusión última de una línea histórica defectuosa, es la que podría haber impedido, hasta ahora, trabajar con una importante hipótesis, sorprendentemente invisible a pesar de su evidencia histórica, y es que el tráfico desde el Pacífico entre Asia y América estuvo abierto desde 1565, y que necesariamente debió de producirse en algún momento un primer choque biológico desde Asia. No se ha intentado identificar todavía la primera epidemia asiática en América.

¿Pudo ser la epidemia de 1576 aquella primera y brutal manifestación del contacto directo que surge entre Asia y América después de permanecer miles de años aisladas? Como la historiografía exigía que la enfermedad tenía que venir de los europeos españoles, los síntomas y descripciones obtenidos de casi una docena de testimonios de fines del XVI no casaban con la hipótesis tradicional: un tifo exantemático (desde Humboldt).

Fiebre hemorrágica

Expuestos ocho testimonios distintos con descripción de los síntomas de la enfermedad al doctor Juan Berenguer, infectólogo del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, nos expresa: «Por las manifestaciones clínicas y la gravedad del cuadro me inclino en primer lugar por una fiebre hemorrágica de causa viral (…) El tifus exantemático causado por la bacteria Ricketssia prowazekii también puede dar lugar a infecciones de gran mortalidad con algunas de las manifestaciones clínicas descritas. Sin embargo, es bastante característica, y orienta al diagnóstico, la presencia de un exantema cutáneo generalizado que no se describe en el texto. La enfermedad descrita es demasiado grave para una fiebre tifoidea…»

Agustín Muñoz Sanz, especialista en enfermedades infecciosas y, uno de los mejores estudiosos de su historia, corrobora que si bien «el diagnóstico retrospectivo no es fácil, existen razonables sospechas de que pudo tratarse de una infección por alguna especie de virus del grupo de las fiebres hemorrágicas (arenavirus, hantavirus, filovirus, otros)». La hipótesis de la fiebre hemorrágica dificulta la ecuación europeo-infecciosa excluyente de cualquier otra.

La reconexión del continente

Parece que la incapacidad de ver aquella catástrofe desde su propia modernidad, la renuncia científica nada menos a buscar la primera y necesaria consecuencia terrible del hecho más transcendente desde la revolución agrícola del Neolítico: la «reconexión» global de la humanidad, el contacto directo vía Pacífico de Asia con América. Reconexión, término que nos destaca el historiador Manuel Lucena, uno de los grandes expertos en historia de la globalización. Lucena destaca que sin duda el prejuicio historiográfico, la historia al servicio de los intereses políticos o hegemónicos, es la mayor dificultad ahora mismo para acercarse y entender el pasado. Ese prejuicio puede ser causa de que una hipótesis interesante no haya sido tenida en cuenta.

Por su parte, la profesora y arqueóloga María Cruz Berrocal, una autoridad en arqueología del Pacífico y en la presencia temprana europea en este área, confirmaba para este trabajo que la historia del Pacífico, desde su primera navegación por los europeos, fue un escenario de choques biológicos, completamente disruptores de las sociedades locales, manteniéndose esa historia temprana de los primeros contactos europeos postergada, en defecto de una historiografía nacionalista, mayoritariamente anglosajona, que sólo dibuja un Pacífico desde la llegada de Cook.

Agustín Muñoz confirma que queda abierto el origen geográfico del cocoliztli: «pudo ser local o lejano (Europa o, como aquí se sugiere…. Asia). A mayor distancia, la probabilidad podría ser menor, si bien hay antecedentes históricos que sustentan esta opción: la peste bubónica de los siglos VI y XIV, o la gripe de 1918-20 y otras pandemias, todas originadas en China.

Añade el especialista: «Una infección vehiculada por mamíferos reservorios no enfermos (roedores) o por insectos vectores (piojos, mosquitos, garrapatas) podría aceptarse, pero no disponemos de pruebas ¿Y los marineros? Las tripulaciones solían llegar con un numero importante de enfermos. Un dato de enorme interés para el investigador».

Se hizo necesario un hospital específico para Acapulco, Nuestra Señora de la Consolación, que se levantó en 1598 en razón al estado en que llegaban las tripulaciones desde la propia inauguración del tornaviaje, donde sólo llegaron 18 hombres sanos en 1565.

La tentación de centrar en el puente atlántico, exclusivamente hispano durante el primer siglo de conexión, todo el desembarco de las enfermedades que sufrió el Nuevo Mundo desvirtúa el hecho del inicio de la nueva civilización global, con el virreinato mexicano como vértice fundamental en el tráfico del Pacífico y el Atlántico. Es interesante advertir que el huey cocoliztli afectó también a los españoles, aunque de manera menos violenta, demostrando cierta inmunidad, por lo que el origen autóctono, americano, de la enfermedad resultaría menos concluyente.

No es desconocida la importancia y recurrencia de las epidemias en el siglo XVI en la China de la dinastía Ming, hasta el punto de que las mismas fueron una de las causas directas de la caída de la dinastía.

Los puertos americanos candidatos para la recepción del primer choque biológico proveniente de Asia no se limitan a Acapulco, descubierto en 1521, poblado desde 1530 y terminal desde 1573 del Galeón de Manila. Están Zacatula; Navidad; más al sur, el puerto de Iztapa (Santa Ines del Carrizo), donde Pedro de Alvarado construyó su primera armada con la que viajó al Perú; el de Acajutla, desde el que partió en 1540 una armada con destino a Moluca y objetivo de Drake; el importante Puerto de Realejo, fundamental en el tráfico entre Nueva España y Perú con China. Tenía buenos astilleros y bosques alrededor y capacidad para mantener comercio con Asia, San Juan del Sur, etcétera. La actividad portuaria de estos centros con oriente es algo que he destacado desde 2015. Justo es que este camino de investigación quede abierto para otros. Que por la epidemia del prejuicio no espere.

Contra los prejuicios

Una verdad incómoda: «En cuanto a los nativos, casi todos han muerto de viruela, de modo que el Señor ha validado nuestro derecho a lo que poseemos». La frase nunca la dijo un español, es de John Winthrop, primer gobernador de la Colonia de de Massachusetts. Expresa por primera vez como principio político legitimador de la colonización inglesa en América la mortandad por enfermedad del indio.

Fallo de la historiografía: Muy significativo es que jamás se haya promovido el estudio de las epidemias que pudieron llegar de Asia directamente a América por el comercio estable desde 1565, como el hecho de que siempre se busque a España no tanto como causa sino como culpable de la mortandad.

2 millones de muertos es la cifra oficial que el Virrey de México manejó tras el huey cocoliztli de 1576. Pero hablaba de gente empadronada, así que la mortandad tuvo que ser mucho mayor. Tampoco se cuenta que España desplegó allí a grandes científicos de la época.

Los buques «fantasma»: Desde el inicio del tornaviaje de Filipinas a México hay documentadas tripulaciones que llegaban muy enfermas. Acapulco abrió pronto un hospital para atenderlos. También hay naufragios tempranos sin duda relacionados con problemas de salud de la tripulación durante la travesía

Baja California: Arqueólogos mexicanos estudian algunos pecios de la primera etapa del Galeón de Manila. En Baja California hay uno localizado cuyos restos aún extrae la marea, pero se sabe que llegó a esa costa con casi todos los tripulantes muertos o agonizantes.

El «cocoliztli»: El Códice Boturini, o Tira de la peregrinación, cuenta la historia de los mexicas y la epidemia que sufrieron al llegar a Pantitlán.

Fuente: ABC


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