Festival de Mérida: el sufrimiento de Calígula

Una versión renovada del emperador más sanguinario triunfa en el penúltimo estreno del certamen

Calígula regresó de nuevo de esta verano a la arena del Teatro Romano de Mérida, pero lo hizo de una manera muy distinta a las anteriormente interpretadas, algunas con un éxito extraordinario. Muchos espectadores aún guardan en su recuerdo la magistral interpretación de Pablo Derqui hace tres años pero ahora tendrán que hacerle un hueco en su memoria a la soberbia actuación del actor local Juan Carlos Tirado, que deja huella en una actuación tan complicada como brillante de este renovado Cayo César que huye del apelativo que los legionarios romanos le pusieron de pequeño por sus sandalias (cáliga, bota de soldado).

La versión, escrita por Agustín Muñoz Sanz y dirigida por Jesús Manchón, desdobla la personalidad del tercer y más sanguinario -y mira que los hubo- emperador romano, para presentar al espectador su conocida faceta despótica, tiránica y cruel, con sus constantes abusos de poder por el que ha quedado marcado para la historia. Pero también aparece ahora Calícula en su lado más íntimo, humano y como víctima de su pasado, un personaje atormentado y hasta sufridor consigo mismo y con su destino. La obra aborda su etapa pública más conocida, sus más de cuatro años de gobierno que coinciden con el final de su dolorosa existencia, envuelto en una puesta en escena global y muy dinámica, que combina teatro, danza y música en directo.

Ese personaje tan poliédrico pone a prueba las grandes dotes de interpretación de Tirado, que ni mucho menos se deja pisotear por la grandeza histórica del personaje, sino que, todo lo contrario, lo encara con precisión, sutileza y oficio, arropado en el portentoso texto de Agustín Gómez Sanz, que se recrea por momentos en esa parte más parte sensible de un emperador que hasta soñaba con ser Dios y hasta con hacer el amor de forma interminable con la luna. Un loco algo más cuerdo en esta versión, al menos en determinados momentos. El texto intenta quitarle la coraza a Calígula y, aunque no justifica nunca su terror, su maldad, su falta de escrúpulos, sí al menos traslada al espectador sus condicionantes previos, como la terrible soledad que sufrió durante años tras haberle esquilmado la infancia Tiberio.

Ese concepto dual de Calígula (ora invoca el terror y el pánico, ora padece dudas y tremendo sufrimiento personal), nada fácil de representar, es brillantemente resuelto por el actor, que demuestra estar más que a la altura de un Festival del prestigio del de Mérida. “Ahora soy yo el protagonista de esta comedia”, comienza proclamando Cayo César al inicio de la representación, un aviso a los espectador en un escenario austero donde las columnas del Teatro Romano se alzaban tras unos árboles muertos y el trono, burlesco, del emperador.

Para completar esta obra multidisciplinar, el pianista Abraham Samino recrea a la perfección cada uno de los ambientes que se van creando a lo largo de la historia e introduce, sobre todo, a los espectadores en cada una de las escenas en las que Calígula soñaba, mataba o cuando el Senado conspiraba contra él, consiguiendo así un introducir el clima preciso en cada instante.

Mención especial merece la bailarina Gema Ortiz que, con su danza de la muerte, dota de más dramatismo a las escenas en las que el tirano sentenciaba a cada uno de los protagonistas. Igualmente, la bailarina defiende el papel de Incitatus, el caballo que llegó a ser cónsul del Imperio y que marcaba los delirios del protagonista.Más en El MundoEl ataque de Dani Mateo a Iker Jiménez y Carmen Porter: “Lo saben todo antes”El MundoMuere el sacerdote Rubén Pérez, la cuarta víctima de la explosión de gas en la calle Toledo de MadridEl Mundo

Así las cosas, entre música, danza, una exquisita iluminación y un aprovechamiento extraordinario de todas las posibilidades que ofrece la escena del teatro romano de Mérida, los espectadores se sitúan en la etapa más siniestra y prolífica de Calígula, un personaje -salvando las distancias- perfectamente podría estar entre nosotros, y hasta gobernando en cualquier parte del mundo, y no tan lejos, en los tiempos actuales. “Lo que existe es el odio, la máquina que mueve el mundo“, una frase que parece tristemente recobrar especial relevancia en los últimos tiempos.

En cualquier caso, este emperador ‘único e irrepetible’ provoca la ovación más larga de la presente edición del Festival de Mérida, también por las estupendas interpretaciones de todo el elenco (12 actores) que arropan, de manera brillante, a un Tirado que pasa de grande a gigante en un papel que le acompañará ya para toda su vida.

Fuente: Diario El Mundo


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